martes, 13 de enero de 2015

El Adriático.-



En El Lido.-   

Sabiendo de mi enorme atracción por el mar no puede sorprender si cuento que estando la primera vez en Venecia, no podía dejar de acercarme aunque fuese para darle un vistazo a ese mar algo alejado que baña las costas italianas desde el otro lado, hacia el este, lo mismo que las de las naciones de los Balcanes, en la orilla de enfrente. Es más, me hubiese gustado poder darme un buen baño en ese mar, pero debí contentarme con mojarme tan solo los pies.

     Frente a Venecia, que a su vez esta ubicada en la parte más al norte del Adriático, y en donde el mar se acerca a esa maravilla de la humanidad que es una ciudad sobre pilotes, hay una isla que se llama El Lido, que es muchísimo mas ancha que larga, y a la cual cruzamos una mañana para recorrer las no más de diez cuadras que tiene su largo y poder llegar a conocer ese otro mar que aun faltaba en mi catálogo: el Adriático.

     Y allí, efectivamente, nos estaba esperando con su color azul grisaceo y toda su inmensidad. Bajamos a la playa casi desierta en ese mediodía de comienzos del verano europeo (mayo) pero que tenía completamente listos, en expectante espera, a sus balnearios, todos ellos repletos de carpas, sillas, tumbadoras, sombrillas y demás elementos necesarios para disfrutar de un buen día de playa, que en ese momento se esmeraba por atender a cuatro o cinco jubilados y a una niñera con dos o tres pequeños.

                                                                      
                                                 
                                                                        la desierta playa del Lido

     ¡ Pensar que toda esa maravilla estaba ahí no mas....al alcance de la mano....a la espera de quienes tanto se tienen que esforzar durante el año para poderse dar uno o dos chapuzones en el mar, junto a otros miles, mientras durante gran parte del año el mar y las playas permanecen desiertos y desolados! Algo debe andar muy mal !!

     Bueno, pero me gustó; me pareció que toda esa isla del Lido es un lugar muy especial -además por supuesto de Venecia, para mí, de los más lindos del mundo- y a esa isla me propuse desde entonces poder regresar ya que si bien para muestra basta un botón, en ese rincón del Adriático quisiera probarme todo un traje. Pero aún no pudo ser, a pesar que he regresado a Venecia dos veces más y recorrido otras de sus islas vecinas.....es como si ambos nos estuviésemos reservando para darnos una buena panzada. Ya llegará.-

En Dubrovnik

    Adonde sí llegamos, partiendo desde Venecia en un inmenso crucero, fue a la orilla de enfrente, a las costas de Croacia sobre el mismo mar Adriático, que nos fascinó. La ciudad vieja, pequeña y limpia, con sus calles de mármol lustrado; sus casitas todas iguales, pintadas de blanco y con los techos de tejas rojas, parecen extraídas de un cuento, mientras que la ciudad nueva o moderna, recientemente reconstruida después de las guerras de los 90, es sencillamente espectacular, y todo ello a orillas de un mar azul bien oscuro, salpicado de pequeñas islas verdes y muy frondosas.

    La llegada en barco a ese puerto me tenía como hipnotizado allá arriba en la cubierta más alta del barco, mientras veía como se iba aproximando a la costa, suavemente, deslizándose casi sobre ese mar fresco, calmo y cristalino que se extendía mansamente debajo nuestro. Tampoco aquí me pude bañar en sus aguas; es que el raudo paso de un crucero no permite más que lo elemental y dedicarle un día a la playa es como demasiado, pero pudimos navegar en sus aguas.

                                                                     
el puertito deportivo de Dubrovnik

     Desde ese mismo puerto deportivo de la imagen partimos para hacer una breve recorrida naútica por las islas cercanas, que eran varias, mientras un marinero de mejores tiempos pasados y en una mezcla de italiano y croata, nos iba relatando historias y anécdotas muy simpáticas de todo cuanto podíamos ver. 

     La excursión duró aproximadamente una hora y en su transcurso pudimos ver dos cosas que nos resultaron interesantes: la primera que las playas eran del esquema piedra - piedrita, no obstante lo cual, algunas estaban con gente y alguna gente estaba sin ropas; la segunda curiosidad fue que en otros sitios descendían al agua por pequeñas escaleras colgantes, del tipo de las que se utilizan en algunas piletas, y así podían sortear -en la ciudad- las dificultades de tener que trasladarse hasta alguna playa.

     Quedamos en volver con más tiempo, e inclusive teníamos prevista y reservada una visita de cinco días al lugar, en un hotel que daba al mar y que inclusive tenía su propia playa.....pero no pudimos llegar....increíble pero cierto.....pareciera que el Adriático no quiere que pruebe su sabor.

En Split.-

     De regreso de una larga travesía por Grecia y Turquía, sobre el Egeo, volvió a recibirnos este Adriático europeo en la ciudad de Split, antiquísimo lugar de retiro de quien fuera el Emperador Dioclesiano en el siglo IV y que allí se estableciera hasta la fecha de su deceso en el 313. La ciudad creció al rededor de su Palacio, que aún se mantiene en pié, a orillas de una pequeña bahía que la protege de las grandes tempestades con las  que, como todo mar, el Adriático suele preocupar a sus vecinos.

                                                                     
                                                         Split (Croacia) junto a su puerto

     Tuvimos mejor tiempo en Trogir, más o menos a una hora de ómnibus de Split, hacia el norte, una ciudad mucho más pequeña, con un centro antiguo de película y edificada en una pequeña isla situada entre el continente y la isla de Ciovo, como en un brazo tranquilo del mar, que a mí me hizo acordar mucho al Tigre por la cantidad de astilleros y ese brazo del mar separando tranquilamente a las dos islas.

                                                                       
                                                                         Trogir

En navegación.-

          En realidad mi mayor contacto de tiempo con el Adriático se dio en navegación, tanto hacia el sur como al regresar desde el Egeo a Venecia, y la verdad es que me pareció un mar importante. De un color azul tirando a acero, fuerte, de ola interesante pero que no rompía, y que se extendía a ambos lados del barco como con una gran presencia. Por ratos, a la distancia, se podían divisar algunas costas, que podían ser las de Montenegro, Albania, o alguna isla. Fue un placer navegarlo, mirándolo y admirándolo desde las cubiertas, mientras nuestro crucero se desplazaba majestuoso sobre sus olas.

                                                                               
                                                                        El Adriático

En Trieste.-

    Siempre por el Adriático, lo hemos vuelto a encontrar en esta agradable y límpida ciudad italiana -con orgullosos aires de independencia- que en su momento fuera nada menos el puerto de salida del Imperio Austro-Húngaro. El mar baña sus costas









      

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