Desde siempre había tenido la impresión que el mar patagónico era -además de algo muy lejano- tremendamente inhóspito y frío. El estudio -en el colegio- de los viajes de Magallanes y otros había contribuido y en mucho a crear aquella sensación. Pero un buen día, cuando empezaba el verano y -como siempre- yo comenzaba a añorar un buen baño de mar, estando ya viviendo en Neuquén se me ocurrió que en lugar de volver a las costas de algún balneario en la provincia de Buenos Aires, o tener que cruzar la cordillera para ir al Pacífico en Chile, existía la posibilidad mucho más a mano de acercarme al mar de aquí, al de la Patagonia, y junto a mis dos hijos más chicos nos fuimos para Puerto Madryn, sobre las costas de Chubut, y la verdad es que no sólo no me defraudó, sino que me fascinó y adonde, cada tanto, regreso.
Allá el mar, contrariamente a lo que uno pudiera suponer, no es frío, al menos no es el frío del mar de Mar del Plata. Su color es azul, intenso, fuerte, oscuro y con poco oleaje dado que en ese lugar el mar está dentro de un golfo bastante grande -el Golfo Nuevo- que se forma en la parte sur de la península de Valdez y la costa, que lo transforma como en una gigantesca pileta; tan apasible es ese lugar en el mundo que ha sido elegido por la ballena franca austral tanto para sus apareamientos como para la ulterior parición de sus crías.
Además, ese mar es de una gran transparencia, lo que lo transforma en un lugar ideal para el buceo, actividad en la que se inciaron ese verano los dos chicos -Francisco y Gloria- mientras yo lo disfrutaba desde una plataforma porque un viejo oído perforado y algo de presión alta, me lo impedían. En cuanto a la temperatura del agua, era sumamente agradable y el mar se extendía bajito por centenas de metros, de modo que se podía ir entrando bien despacio y caminar y caminar hacia adentro, o nadar tranquilamente como su fuera la parte baja de una pileta, haciendo siempre pie, para finalmente encontrarse con la olas, grandes pero de caída tranquila y previsible.
( Puerto Madryn desde el mar)
¡ Que bien la pasamos durante esa segundo quincena de enero en Madryn ! La verdad es que nos encantó. También hicimos una visita a la vecina Puerto Pirámides, sobre la margen oriental de la Península de Váldez y que es desde donde salen las embarcaciones para el avistaje de las ballenas. Ese verano -enero- ya se habían ido hacia otras latitudes más australes, y tampoco logré verlas durante un segundo viaje que hice años más tarde, también durante un verano; pero la tercera vez fui en noviembre y aún quedaban algunas, que estaban allí más o menos desde agosto o septiembre, de modo que serían las últimas en irse....pero estaban. ¡ Que espectáculo más impactante !!
Estar navegando allí, por el mar, era impresionante sabiendo que debajo hay un número importante de ballenas, todas con su muy buen tamaño, sobre todo dándoles sus primeras enseñanzas de nado a sus pequeñas (?) crías, todos los cuales pasan por debajo de las embarcaciones llenas de gente, como si tal cosa. De repente, por allá se ve saltar a una, o más aquí aparece la magnífica cola con su enorme aleta de otra, que se queda como clavada en el mar y se inclina hacia un lado y hacia el otro, como saludando a quienes nos hemos atrevido a meternos un poquito en su mondo. ¡ Vale la pena hacer esa excursión, porque no es algo de lo que se pueda disfrutar muy seguido !!
( el saludo de la ballena )
También desde Madryn salen algunas otras excursiones, por tierra y por mar, que hicimos, para conocer el mundo de los lobos marinos, de los elefantes marinos y sobre todo de los pinguinos de Punta Tombo, bastante más al sur, y en donde una enorme multitud de estos pequeños animales viven en colonia y en parejas, estables, las que años tras año se reunen en este lugar para criar a sus pequeños, alimentarlos y pasar el verano a una temperatura más fresca que la del sur del Brasil adonde pasan sus inviernos.
( pinguinera de Punta Tombo )
Y mientras disfrutamos de ese panorama tan poco usual, el mar está allí, detrás, como un enorme marco azul que nos va acompañando desde la distancia o la cercanía, con esa placidez y esa paz que solo puede provenir de quien sabiéndose potencialmente violento, deja discurrir sus días bajo el tranquilo cielo tan azul como sus aguas, y con el cual compite en elegancia, en sobriedad y en el mismo canto a la naturaleza que se presenta ante nuestros ojos con todo su esplendor y libre de cualquier atadura ciudadana.
( el mar en Madryn )
Todo eso es lo que me recuerdan mis sucesivas llegadas a Puerto Madryn y su zona de influencia. También se podría decir que se corresponde con esa categoría de mares patagónicos el que baña las costas de Las Grutas, un balneario rionegrino que tiene tanto detractores como fervientes adherentes, y que creo que hay que conocer para sacar cada uno sus propias conclusiones. Yo voy aqui a dejar las mias.
Me parece que -como balneario- es un lugar muy agradable, pero que convertido como está en playa muy populosa, esto le hace perder su encanto, que lo tiene. Las playas son bastante anchas y todas ellas se extienden por delante de grandes acantilados, de modo que hay que para bajar hay que hacerlo por distintas escaleras, cada una de las cuales tiene un número, que debe haber comenzado, como es lógico, por la 1a. y que hoy van como por la 9a.
( Las Grutas)
Las casas, por su parte, son bastante pintorescas y están edificadas -la mayoría- en función de obtener las mejores vistas sobre el mar, de modo que se ha ido formando como una costanera de casas blancas, estilo mediterráneo, que le da una característica muy especial, típica de balneario veraniego, a diferencia de Madryn que es ciudad con bastante población estable.
En cuanto al mar en Las Grutas es cálido y muy agradable, ya que también está metido dentro de un golfo, en la parte más resguardada del de San Matías, pero que hay que aprovechar en función de las mareas ya que hay dos por día, muy marcadas, en las que el mar sube casi, casi hasta las mismas escaleras, y después baja y se va bastante lejos, dejando ver sobre todo en el sector más al sur unas enormes piedras tipo corales, que por supuesto no te dejan entrar por ahí al agua y te tenes que correr más hacia el otro sector, que es adonde hay mayor cantidad de gente.
Eso es, entonces, lo incómodo; que la parte de la playa más tranquila no de permita la posibilidad de meterte en el mar, mientras que si lo podes hacer en el otro sector, pero a cambio de perder la tranquilidad. De moldo que lo que solíamos hacer era ir temprano y aprovechar a bañarnos cuando el mar cubría los corales, para luego irnos hacia alguna otra playa más lejana o simplemente dejarla hasta otro momento. Quizás lo ideal sería poder llegar alguna vez en diciembre, o mejor en noviembre, y así poder sacar una conclusión más objetiva del lugar.
A poca distancia de allí, más o menos a unos 100 kilómetros hacia el sur, entre Las Grutas y Madryn está un balneario nuevo a la altura de Sierra Grande, en Chubut; es Playas Doradas, que tuvimos oportunidad de conocer y disfrutar a fines de un verano. Las playas eran espectacularmente anchas y con muchísimas conchillas de todo tipo, y aquí, aunque el mar también tiene sus dos mareas diarias, como es bastante más abierto el agua no se viene tan encima y siempre queda igual bastante playa.
( Playas Doradas)
Me bañé, por supuesto, aunque ya hacía un poco de frío, pero me gustó porque como era un día con viento había bastante movimiento de olas y me divertí mucho. Después volví dos o tres veces más al agua, y como estábamos alojados en una posada allí mismo, sobre un médano de la playa, nos quedábamos muchas horas disfrutando simplemente con la vista, mirando hacia la inmensidad y llenándonos los ojos de esa paz tan conmovedora que, al menos a mí, me transmite siempre el mar.
Una playa que si bien se encuentra dentro de la provincia de Buenos Aires, y por ende no podría ser incluida entre las de la Patagonia porque ésta recién comienza al sur del río Colorado, es Monte Hermoso, adonde simplemente llegamos una tarde a pasar la noche, pero antes pudimos caminar sus playas a la hora del atardecer, y contemplar un fenómeno que no se da en ninguna otra playa de la Argentina: la puesta del sol en el mar.
Es que como el sol siempre se esconde por el oeste, y el mar lo tenemos hacia el este, muchas veces hemos podido ver la salida del sol desde el mar, pero nunca su puesta, excepto en este lugar porque como la playa está ubicada en la parte más baja de la panza de la provincia, el mar puede verse que sigue "como" hacia el oeste, adonde está Bahía Blanca, y claro está que entonces el sol se pone por el oeste de donde estamos, y en ese lugar se va escondiendo poco a poco en el mar, como si estuviésemos en Chile.
Puesta del sol en el mar en Monte Hermoso
En cuanto al mar no sabría que decir porque no me bañé y a la mañana siguiente seguimos nuestro viaje, pero sí me acuerdo de haberme mojado los pies en un agua bastante cálida, pero repleta de aguasvivas, que se extendían a todo lo largo de la orilla y que allí las había abandona el mar cuando la bajante de la tarde, de modo que no sé si será siempre así o fue una excepción. Habrá que volver a probarlo.







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