martes, 9 de diciembre de 2014

El mar del Brasil.-


     Y nos vamos alejando  poco a poco de la Argentina para recorrer los de los países cercanos. Brasil, al igual que nuestro país, tiene un enorme litoral marítimo sobre el Atlántico, y son varias las playas que han podido pisar mi pies descalzos. La primera vez que me metí al mar en Brasil fue en una isla llamada Guaruyá, que está cerca de San Pablo y de Porto Alegre; uno de los típicos pueblitos brasileños sobre el mar.
     A diferencia de lo que ocurre con las aguas del mar en nuestro país, las de Brasil son mucho más cálidas; no como en el Caribe porque no están cerca de la línea del Ecuador que divide al mundo en dos hemisferios, pero sí mucho más al norte que las nuestras, razón por la cual realmente entrar en el agua tiene un placer adicional.
     Por otra parte, la época del año en que estábamos en aquella primera oportunidad -abril- ya era bastante fresca para los lugareños, motivo por el cual teníamos la playa prácticamente a nuestra disposición. Parábamos en un hotel que estaba justo frente al mar de manera que simplemente cruzábamos y allí nos instalábamos debajo de unas sombrillas con forma de palmeras -que hasta entonces sólo había visto en fotos- mientras algún mozo del hotel venía cada tanto a ofrecernos algo para tomar.
     Muchas veces después a lo largo de mi vida, he tenido la dicha de poder disfrutar de ese trato cortés y placentero que se le brinda al turista en los lugares adonde la playa es una extensión de la hospitalidad hacia el pasajero, a diferencia de lo que ocurre en nuestro país en donde pareciera que se tratara de dos mundos diferentes. Pero ese primer impacto con algo a lo que no estaba acostumbrado, realmente fue sorprendente, e hizo que me sintiera poco menos que viviendo un sueño, o algo muy parecido.
     En esa isla pude darme el gusto de bañarme en el mar varias veces, tanto en esa playa,ancha y con arena muy finita que estaba enfrente al hotel y bastante alejada de las del centro, mucho más populares, como en otras, más alejadas aún. Estar allí, en el agua, bajo un cielo muy celeste, con algunos morros e islas más pequeñas cerca, disfrutando de un mar de ola tranquila y de un agua cálida y además transparente era algo que nunca había experimentado. ¡ Con razón la gente que vive en estos lugares del Brasil tiene como esa bien ganada fama de vivir en una forma tan placentera como descansada y casi mágica !!.

                                     
                                       
                                                                    Guaruyá

     Un montón de años después volví a Guaruyá, cuando un crucero al Brasil hizo una parada diaria en Porto Alegre y nos trasladaron hasta allí. Esta vez nuestro destino fueron las playas del centro, muy populares y, además, el mes de febrero las hacía especialmente apetecibles. Fue otra experiencia, sin duda, no por ero menos agradable y la calidez del mar seguía siendo la misma, lo mismo que lo pacífico de sus aguas. Pasamos una jornada a pleno sol, descansando; caminando entre la gente; bañándonos; comiendo choclos, sacando fotos, en fin, todo lo que habitualmente se hace un día de playa...feliz, hasta que volvieron por nosotros a media tarde para recorrer el camino inverso y regresar a nuestro enorme crucero, adonde pudimos refrescarnos en una pileta fresca, pero de agua de mar.
                                                      
                                                                         
                                  
                                                  (las playas del centro en Guaruyá)

     Las playas de Río de Janeiro, en cambio, no tienen ni la paz ni la tranquilidad de aquellas primeras de Guaruyá, pero claro, es como si hubiese playas en Buenos Aires. ¿ Quien se quedaría en su casa sabiendo que a minutos se puede disfrutar de la arena, del sol y del mar? Y bueno, allá pasa lo mismo, pero aun dentro de la ciudad hay playas más populares, como las de Copacabana, y otras también céntricas, pero ubicadas en lugares un poco más alejados, que tienen menos gente..o con mejor pinta. ¿ Se entiende? Así ocurría con las de Ipanema o Lebron.

                                  
(la playa de Ipanema en Rio)

Si bien en el hotel adonde estaba parando estaba en Copacabana y frente al mar, de modo que desde el piso 12o. podía quedarme horas en la terraza mirando hacia ese azul sereno, enmarcado por los morros y las pequeñas islas e islotes, para poder entrar al mar y disfrutar de un buen día de playa lo ideal eran las otras. Así y todo, la arena era bastante más gruesa que la de nuestras playas y, claro está, debido a las permanentes multitudes, mucho más sucia. En cuanto al mar, dado que estaba bastante protegido de su fuerza con algunas construcciones y escolleras -por la proximidad con la ciudad- casi no tenía olas, ni tampoco el mar era transparente.
No guardo un buen recuerdo o por lo menos un recuerdo agradable de estas playas ni de su mar. Río es una ciudad espectacularmente agradable y alegre, pero es mejor disfrutarla como ciudad que como playa, ya que inclusive en el Brasil hay otras muchísimo mejores y más lindas.
En San Salvador de Bahía, por ejemplo, bastante más al norte, si bien también estamos en una ciudad muy importante, las playas que pudimos conocer realmente eran para ser disfrutadas plenamente. Para empezar el hotel adonde parábamos -que estaba bastante a las afueras-, el Garopaba, tenía playa propia, pegada a una enorme pileta....y por supuesto que atrajo en forma inmediata mi atención.
El mar allí era nuevamente celeste claro y estaba abierto en forma franca, de modo que la fuerza de las olas llegaba así, con todo su esplendor y virulencia. Me gusta mucho ese mar, de ola fuerte pero en el que uno puede adivinar sus movimientos y adelantarse a lo que ocurrirá. Además me encanta ese mar abierto, entero, que se extiende cien por cien delante de uno y que no te deja cansarte porque su movimiento es incesante. ¡ Cómo disfruté de esos días en Salvador!!

                                     
(Playa de Salvador de Bahía)

Además en esa zona pudimos recorrer otras playas, un poco más al norte , como las de un pueblito llamado Praia do Forte, muy pintoresco y adonde almorzamos riquísimos pescados en la misma arena de la playa, pero en cambio allí lo frustrante fue el mar. Desde afuera se lo veía bien, igual de fuerte que frente al hotel, pero al entrar una enorme cantidad de piedras -por lo menos en el lugar adonde estábamos- me causaron muchísimas dificultades. No me gusta entrar al agua y encontrarme con piedras, y más bien me siento traicionado por esa abierta invitación a entrar, para después ser recibido de tan mala manera.

                                   
( Praia do Forte)

Pero, en fin, el recuerdo que guardo  esa parte de las playas del Brasil es muy lindo, como lo fue la llegada a la isla de Itaparica que quedan enfrrente a San Salvador, y hasta donde nos trasladamos en un barco que se detuvo a cierta distancia de la playa, a unos 200 metros, para permitir a los que quisiéramos llegar desde ahí nadando lo pudiéramos hacer, y por supuesto que me tiré al agua y me fui nadando hasta la orilla, adonde nos esperaban una enorme cantidad de chiquitos negros, con saludos afectuosos -y por qué no, algo monetariamente interesados- y flores en las manos. Esa llegada fue como mágica, como lo era también el lugar, perdido en los tiempos de las colonias.
En cuanto a las playas de Florianópolis -Floripa-, más al sur, al norte pero cerca de Porto Alegre, hay para todos los gustos. Se trata de una isla muy grande que está cerca de la costa, y a la que se accede por un inmenso puente, y tiene una cantidad de playas tanto en la parte interna o más calma, enfrente al continente, como las del otro lado, enfrentadas al mar abierto; también estan las más populares hasta las más sofitiscadas, pasando por las nudistas, las de surf, etc, etc.
Estuvimos allí 15 días en pleno verano, haciendo base en la zona de Cayoeira, un lugar de muchísimo turismo argentino, pero que no tenía una playa muy espectacular, y además, con poca gente. Algunos pocos días igual bajábamos allí porque nos quedaba cómodo, pero en general nos gustaba más buscar algo más concurrido, como por ejemplo la de Lagoinha que era la última de las playas del sector que mira hacia el continente, y que tenía buen mar aunque no muy movido, precisamente porque no estaba en mar abierto.

( Lagoinha)

 Pero era, me parece, como la playa más pitucona y a la que bajaba mucha gente.
A mí, que me gusta mucho el mar, en realidad prefería otras playas, con menos movimiento, sobre todo de motos de agua, barquitos, bicicletas de agua, bananas, en fín, todo "lo que se vende" en una playa; pero al estilo de la vida en Punta del Este no nos quedábamos todo el día en el mismo lugar, y a esa playa sólo íbamos por las mañanas.
A las tardes, en general, enfilábamos para Praia Brava, que era la primera pero del otro lado, vale decir hacia el Atlántico franco, muy mar abierto, con grandes playas como para poder caminarlas tranquilos y darnos unos buenos baños en el mar. ¿ Como era ese mar de Floripa? Mas bien tranquilo; no solamente del lado del continente sino también del otro lado, sin muchas olas, más bien con una sola rompiente de ola bien larga, que se va desparramando y achicando despacito hasta llegar a la orilla.

(Santinho)

Otra playa linda de ese mismo lado era Santinho, que tenía mucha extensión de arena y el mar estaba allá a lo lejos, pero normalmente estaba muy concurrida, aunque no tanto como la de los Ingleses, una especie de la Perla de Mar del Plata, repleta de turistas argentinos que uno prefiere ignorar porque te averguenza bastante su comportamiento, tanto en lo que dicen como en como lo dicen, lo que hacen....en fin, que no van conmigo.
Tambien hicimos algunos paseos a playas más lejanas, ubicadas más hacia el centro de la isla, como Campece, que en realidad es otra islita, más pequeña y a la que se llega en pequeñas embarcaciones rápidas; era un lugar adonde hace muchos años se destinaba a los balleneros o pescadores de ballenas; sus playas son muy lindas y allí traté -infructuosamente- de hacer snorklig, sin suerte porque no logré internarme en alguna zona más profunda del mar como para poder ver algo, pero no se podía y, además, había muchísimas piedras y rocas cerca de la orilla, y me volví.


( Campece)

Otro día entramos a una playa nudista, por supuesto en trajes de baño, y se podría decir que era como la mejor de todas las playas que visité., escondida de la gente masiva, muy pero muy ancha y con un mar de larga entrada, vale decir de esos que después de caminar como 100 mts. recién tenes el agua en las rodillas. Vimos algunos nudistas, la mayoría varones -y por alguna razón no pongo hombres- pero nos pareció una experiencia más bien desagradable, más allá de lo que la curiosidad despertaba, y después de dar una vuelta nos volvimos.
Pero está sensación de "vestuario abierto al público" que sentí esa vez, la he vuelto a experimentar en otras oportunidades en que me encontrado en situaciones semejantes, por ej. en alguna playa de Mallorca, Grecia o Croacia; siempre es igual, me parece desagradable, a diferencia del topless que sí me parece algo muy dable a la vista.

( Yureré)

Del otro lado, vale decir hacia el continente, estaban las playas de Yureré, muy amplias y adonde fuimos una vez, pero en donde el mar parecía una lagona de lo calmo y calentito que estaba, de modo que no invitaba para nada a darse un baño; y Canasvieiras, casi casi diría lo más populoso de la isla, con un puerto pesquero desde donde salían las excursiones en barquito; pero como para pasar, ver y seguir.
Florianópolis es un lugar agradable, de muchísimo turismo -por lo menos en la época del año en que fuimos nosotros (segunda quincena de enero)- que tiene lugares muy agradables pero adonde, de volver, me gustaría hacerlo fuera de temporada, por ejemplo en diciembre o en marzo. El mar no es de los más lindos de todos aquellos en que me he podido bañar, pero las playas sí son espectaculares, con mucha arena y el lugar, como todos los del Brasil, tiene como un encanto y una magia que te hace adorarlos con solo mirarlos 

En la oportunidad en que navegamos por las costas brasileras en un crucero, un día tuvimos la oportunidad de pasar toda una tarde en una de las playas de la Ilhabela, frente a las costas de San Sebastian, cercana a San Pablo. El recuerdo que tengo es el de un lugar muy húmedo, con una playa muy extendida y con mucha forestación tropical. El mar -ya que de eso se trata aquí- era muy calmo ya que esa playa daba hacia el canal de separación con el continente. Como la mayoría de los mares del Brasil, de aguas muy templadas y super 
agradable. Diez años después de aquella pincelada, tuvimos oportunidad de volver a la Ilhabela para pasar allí unos días, y nos encontramos con otra ciudad, muy turística, producto de la frecuente visita de cruceros repletos de gente. Dio la casualidad que nuestra pousada quedaba exactamente en la parte de arriba de aquella misma playa en la que habíamos estado la otra vez -"Papagaio", tambien muy mejorada, y en la que me pude dar un montón de baños porque hizo muchísimo calor y la misma humedad de antes.

Pero esta vez hicimos una excursión al otro lado, al mar abierto, y allí pudimos disfrutar de todo un día junto a un mar de verdad, con muy buenas olas y algo más de movimiento, con arenas bien anchas y en un lugar increible al que solo se accede en jeep o por el mar, que es por donde volvimos en un gomón enorme, y a los saltos. Ese mar de aguas templadas y con movimiento, con arenas bien anchas, fue de lo mejor que he conocido, al menos últimamente, en materia de playas. Me reconfortó esta visita a la isla.









                                                    





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